Y cae la siesta.
Terminamos de almorzar, los grandes a descansar.
Casi diez pares de talones resuenan en lo que corren entre gritos al patio.
Todos los días un juego nuevo.
La voces sonando fuerte.
Una nueva pelea cada diez minutos, una reconciliación cada veinte.
Alguno enojado se está yendo hasta que otro se digne a ir a buscarlo.
El abrazo de todos esos niños que ya se acunan como hermanos.
Y la suerte de encontrarse para siempre.
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