Papá y Mamá promulgan los abrazos sin ningún pudor, por esto él
y yo crecimos entendiéndolos como paréntesis de amor.
Siempre nos hablaron de como encontraríamos en el otro un
compañero eternamente, pero nunca nos impusieron el querernos, esa parte llegó sola
a nuestros cuerpos.
Generalmente él no habla mucho, pero siempre tiene cosas que
decir.
Hay momentos en los que, si le prestas atención, vas a notar que
no se encuentra en este mundo, si no volando en otro lugar.
Le adolece la vida y a mí no me alcanzan las manos para
protegerlo hasta de sí mismo.
Aún no aprende a sentir sin intensidad, y ojalá nunca lo haga,
porque me niego a no ver su mirada brillar cuando habla de aquello que ama.
Ese Algo con mayúsculas le entregó los ojos más expresivos de la
tierra, y cuando el sol le da en la cara parecen ventanas directas a su alma.
La ilusión le aflora por los poros cada vez que las
oportunidades tocan a su puerta, y cuando me lo cuenta, para mi relata los
misterios más importantes del mundo.
Sabe dar los abrazos más sinceros y no le da miedo llorar, aún
no sabe lidiar con la rabia y cuándo está triste suele encerrarse.
Tiene la palabra curiosidad como carta de presentación y esa es
una de las cualidades que más le gustan de su personalidad.
Te escribo porque sabes que de esto estoy hecha, y es la forma más
sincera en la que sé abrazar.
Algún día voy a crear una palabra que exprese todo lo que
significa para mí tenernos, mientras tanto agradezco tenerte en esta línea del
multiverso, y ruego por encontrarte en las demás.
Feliz cumpleaños.
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