El mate está corriendo de mano en mano, y las charlas se dan a los gritos.
Aproximadamente cada media horita alguien se acerca para saludar a la dueña de casa.
Los criollitos calentitos, con manteca y dulce de leche.
El guiso potente al mediodía, fruta de postre seguramente.
El vino blanco de la Tía y la gaseosa para los chicos.
El tiempo se detiene cuándo los visitamos, se nos limpia la vida y se renuevan las ganas.
El recuerdo constante de que significa familia, y el no sostener ese titulo con cualquiera.
Amor en estado puro, conexiones que van más allá.
Ese lugar en el mundo que va ligado a su gente, al que siempre se quiere volver.
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