jueves, 11 de octubre de 2018

Relato I

Apoyado en el marco de la puerta desde el otro extremo de la habitación, con un gesto de superioridad en el rostro miraba con desdén a la gente del cuarto.
Estaba vestido sencillo pero no por eso descuidado. Jeans, zapatillas y la camiseta de una banda de rock que parecía tener más años que quién la llevaba.

Él me estaba mirando. Al principio creí que era idea mía, mis ganas de que me pase algo interesante esa noche, por eso cuándo lo vi acercarse a la mesa de tragos me alejé rápidamente. Ya había hecho muchos papelones como para lidiar con alguno nuevo.

Bruno caminaba con soltura mientras intentaba domar con una mano su pelo. Lo vi justo cuándo sonrió soberbio por no lograrlo, como quien de todas formas se sabe precioso. Se sirvió en un vaso el vino, estaba regresando a su lugar cuándo volvió y tomó la botella. Me llamó la atención y estaba a punto de decirle que era un maleducado,  pero me di cuenta que ya quedaban muy pocas personas como para que alguien quisiera, y de los pocos que estaban la mayoría ya estaba ebria.

Que me traten de loca, pero él me estaba mirando. Fijamente. Me estaba mirando fijamente y me estaba poniendo incómoda.

Ya era tarde, la noche había sido un fracaso, estaba sola sin poder irme a casa por que Nicolás me tenía que llevar y él estaba bastante ocupado en la boca de Juli,  me aburría y Bruno me estaba mirando. Esto podría terminar de tantas formas que de sólo pensarlo me daba miedo.

Distraída en mis pensamientos no me di cuenta del momento en que comenzó a caminar hasta la escalera. Traía la botella en una mano y la otra en alto con el vaso, cómo invitándome a brindar. Se detuvo en frente mío, aún ofreciéndome el vaso pero sin decir una sola palabra. La diferencia de altura al estar yo sentada y él parado me hacía quedar al alcance de la botella. Me negué al vaso y levantó los hombros sin insistir.

Se sentó a mi lado, “sos lo más interesante que pasó en esta reunión” dijo por lo bajo y arrastrando las palabras.
“Sos lo más extraño que me pasó en esta reunión” le respondí sin mirarlo, también en susurros.

Me miró, de reojo lo noté. Duró unos segundos y cuando al fin me decidí a regresarle la mirada él levantó esta vez la botella. Hizo ademán de tomar un trago y a medio camino de la misma a sus labios se arrepintió y me la ofreció. La acepté.

“Sos lo más interesante que me pasó en el año”, dijo riéndose.

“Es el alcohol”, exclame sonriendo mientras bebía.

“Ojalá”, respondió mientras se apoyaba en mi hombro.

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