miércoles, 31 de julio de 2019

Ventanilla

En los últimos dos años acumule encima de un colectivo las horas equivalentes a 17 poemas, muchas canciones, dos o tres vidas distintas y una infinidad de conversaciones que no voy a mantener jamás.
Y ojalá poder decir que lo mismo en destinos, pero la verdad es que fui y vine para salir de una cárcel y entrar en otra. Con la libertad bien sumisa y subida a un carrusel de pelicula gringa que en ningún momento se detiene a descansar.
Casi simulando una montaña rusa tan mala como a la que me subí cuándo tenía 12, esas que duran menos de un suspiro y no te da tiempo ni de gritar.
Con las puntas de mis dedos tocando a más de tres metros sobre el cielo y enterrada en el infierno que supone ver en bucle esa película de mierda que todos en algún momento disfrutamos.
Vaya, en la asquerosa rutina claro está.

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