En los últimos dos años acumule encima de un colectivo las horas equivalentes a 17 poemas, muchas canciones, dos o tres vidas distintas y una infinidad de conversaciones que no voy a mantener jamás.
Y ojalá poder decir que lo mismo en destinos, pero la verdad es que fui y vine para salir de una cárcel y entrar en otra. Con la libertad bien sumisa y subida a un carrusel de pelicula gringa que en ningún momento se detiene a descansar.
Casi simulando una montaña rusa tan mala como a la que me subí cuándo tenía 12, esas que duran menos de un suspiro y no te da tiempo ni de gritar.
Con las puntas de mis dedos tocando a más de tres metros sobre el cielo y enterrada en el infierno que supone ver en bucle esa película de mierda que todos en algún momento disfrutamos.
Vaya, en la asquerosa rutina claro está.
miércoles, 31 de julio de 2019
Ventanilla
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