domingo, 10 de mayo de 2020

Inmensa

Muy pocas veces en mi vida fui capaz de sentir la inmensidad.

La primera vez fue cuándo falleció mi tío.
El mundo quedaba pequeño sí él no lo estaba pisando,
y yo sólo buscaba la forma de detener el tiempo
para poder dividir en dos la historia de la humanidad.

La segunda fue cuándo perdimos a mi abuelo.
El cupo de lógica en mi cerebro dejo de bastar,
y no existían manos lo suficientemente
grandes para acunar todo mi dolor.

No entendía como mi vida debía
continuar con su curso normal
si él ya no estaba para verlo.

La tercera es con la que me quedo.

Fue una noche en el medio de una ruta,
cuándo el universo me sirvió sus estrellas en bandeja
y el cielo me abrazó por los hombros.

Con la verdad en la punta de mis dedos
y leyendo constelaciones por primera vez,
regalé todos mis secretos sabiendo que
estaban bien custodiados.

Esa noche viendo el cielo no me sentí pequeña.

Me sentí afortunada.

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