miércoles, 13 de junio de 2018

Candela


Candela Sol Rodríguez.
Léelo otra vez.
No lo olvides, no podes, no debes.
Yo tengo su nombre, su carita, su caso grabado a fuego.
Hubo una época en que no había día que no pensara en ella, con bronca y con angustia. Con mucho miedo.
A Candela la desaparecieron en agosto del 2011. En la esquina de su casa, había salido a encontrarse con sus amigas.
Candela era una nena, tenía 11 años.
En ese mismo momento yo también tenía 11 años.
Candela fue el quiebre para una sociedad que no estaba dormida, pero disfrutaba ser sonámbula.
Fue el quiebre para una nena de 11 años que entendió que nunca iba a estar completamente segura, que empezó a vivir con miedo.
¿Qué le pasó?
Se la llevaron.
Pero, ¿por qué?
Porque es así, la gente puede ser mala.
¿No va a ver nunca más a nadie? ¿Ni a su mamá?
Capaz vuelve.
¿Se portó mal? ¿No tenía que ir con las amigas?
No, no se portó mal, no hizo nada malo.
¿A mí también me pueden llevar?
No, hija, a vos no te va a pasar nada, tranquila.
¿Cómo sabes?
Porque mami y papi te cuidan, no va a pasar nada, estás con nosotros.
Pero, ¿a Candela su mamá no la cuidó? ¿Por eso se la llevaron?
No, no. Si la cuidó. Pero fue todo muy rápido.
Entonces, ¿me puede pasar a mí también? ¿O no? ¿Alguien puede venir cuando esté jugando y llevarme? ¿No los vería más? ¿Me puede pasar?
Me puede pasar.
Te. Nos. Le.
Basta.
Yo grito por todas, pero Cande grita por mí.
Cande me hace gritar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario