Y resulta ser que soy esa mala mujer
qué no deja cicatrices
pero que "se enamora muy rápido".
A la que sus amigos le piden que se calme cuando se dan cuenta que está por sentir algo.
Que se ríe fuerte y lo niega rotundamente
mientras esconde la tristeza que le genera el que le pidan qué la corte.
Que no entiene qué haya un tiempo a cumplir y cosas que hacer antes de poder sentir sin ser juzgada.
La siempre eterna atrapada del romanticismo.
A la que llenan de culpa por querer, por extrañar, por buscar, por reír, por cuidar.
qué no deja cicatrices
pero que "se enamora muy rápido".
A la que sus amigos le piden que se calme cuando se dan cuenta que está por sentir algo.
Que se ríe fuerte y lo niega rotundamente
mientras esconde la tristeza que le genera el que le pidan qué la corte.
Que no entiene qué haya un tiempo a cumplir y cosas que hacer antes de poder sentir sin ser juzgada.
La siempre eterna atrapada del romanticismo.
A la que llenan de culpa por querer, por extrañar, por buscar, por reír, por cuidar.
Por sentir.
La que se muere de ganas de gritarles en la cara que aunque la sociedad se lo exija, no puede ni quiere detener lo que le pasa.
Esa que sonríe burlista mientras los observa pelear, con garras y dientes, por controlar lo incontrolable.
A la que le angustia esta lejanía tan normalizada y aplaudida por las masas.
La que escribe poemas eternos a cuerpos de una noche por qué si, por qué puede.
Esa que no le tiene miedo a sentir.
La mujer que aún señalada, incomprendida y transformada en el bicho raro de esta sociedad de desafectados; incluso pudiendo elegir, siempre se inclinaria por un corazón roto antes que la mínima posibilidad de limitarse.
Esa que sonríe burlista mientras los observa pelear, con garras y dientes, por controlar lo incontrolable.
A la que le angustia esta lejanía tan normalizada y aplaudida por las masas.
La que escribe poemas eternos a cuerpos de una noche por qué si, por qué puede.
Esa que no le tiene miedo a sentir.
La mujer que aún señalada, incomprendida y transformada en el bicho raro de esta sociedad de desafectados; incluso pudiendo elegir, siempre se inclinaria por un corazón roto antes que la mínima posibilidad de limitarse.