Fuiste mi maldito talón de Aquiles, mi debilidad mortal.
Y lo peor es que lo supiste mucho antes de que yo siquiera lo imaginase.
Y en vez de cuidarme como tantas veces prometiste hacerlo, jugaste con
ello tironeandome de una esquina del ring a la otra; haciendome sentir
la Reina de tu mundo y al minuto una completa desconocida.
Te sentiste poderoso, dueño de mi vida.
Me usaste y me tiraste a la basura cuando se te cantó.
Para vos fui un número más.
Y para mi sos sinónimo del final de mis días.