Y tomás consciencia de todo.
Sos consciente de tu piel seca por el viento, de tus labios salados por las lágrimas, de que hubieses dado tu vida para que esas lágrimas sean tuyas, para que el sabor hubiese llegado a tu boca en consecuencia del agua cayendo por tu rostro y no por los besos que le diste a esa carita triste.
Sos consciente de que jamás saltó el agarre de tu mano, todo lo contrario, lo intensificó.
Sos consciente de que en este preciso instante te irías hasta la luna si así pudieras hacer que sonría.
Y sos consciente de que no hay mucho para hacer en realidad, más que estar, más que acompañar, más que querer e intentar ayudar.
También sos consciente de que no sos consciente de qué se siente perder a alguien tan importante.
Y se te ocurre pensar que sería de vos si de un mes al otro la vida en si te lo arrebatara sin previo aviso.
Y te sentis desfallecer porque el mero pensamiento te asfixia.
Y no lo entendes, y te enojas, y las lágrimas ahora si son tuyas y te das cuenta de que si vos te derribas no vas a poder ayudarlo y sabes que no podes permitirte eso, no podes permitirte fallarle, no a él.
"No llores más, vení, abrazame y si, si queres llorá, llorá mucho, no importa, yo voy a sostenerte ¿entendido? Juntos vamos a hacernos fuertes, juntos, como siempre."
Toda esa frase sale con hipidos de por medio; y no sabes en que momento te comenzó a costar respirar.
Y se derrumba y te abraza, te abraza tan fuerte que sentís su dolor.
Es una mierda todo, es una mierda el dolor.